En la capilla de las Capuchinas, Barragán utiliza la arquitectura para ralentizar la percepción. La luz entra de manera indirecta, el color cambia con la hora del día, y el recorrido hacia la capilla atraviesa una secuencia de espacios comprimidos y abiertos.

La atmósfera religiosa no depende del ornamento ni de la monumentalidad. Se produce a través de muros, sombras, celosías, objetos y vanos cuidadosamente ubicados. El proyecto muestra cómo el lenguaje doméstico de Barragán podía transformarse en un espacio para el ritual colectivo y la contemplación.